Y parece fácil, pero no lo es. Cambiar no es fácil, duele y mucho. Pero más duele que una imagen cambie y tener que aceptarlo; sin más remedio que entregarse a la cruda decepción de algo que siempre fue sólo eso, una imagen.La decepción más grande es que esa idea no fue más que una obra tuya, tu creación; y por eso tiene esa connotación, por eso duele.
Sin embargo, como seres bondadosos que somos, comenzamos a emparchar esa imagen, tapando cada hueco que haya, para que no se caiga. Hasta que, los parches inevitablemente se caen, dejando a la luz esos baches que no permiten que la forma permanezca de pie. Y ver, cada uno de eso agujeros, también duele.
Como si fuera poco; para emparcharla, uno debe jugar con uno mismo. Se tiene que mentir un poquito, entrar en caos con si interior, con su instinto, con la verdad. Y luchar contra uno, duele.
El punto es saber distinguir y elegir que dolor vale la pena. Muchos prefieren tener la bala metida en el pecho y que de vez en cuando duela. Yo hoy decido hacer un tajo, sacar la bala y esperar que cicatrice.
Que duela hoy y no mañana.